Para comenzar a hablar de esta idea veamos las acepciones que recibe la palabra «búnker» según la Real Academia Española:
- Fortín ( fuerte pequeño).
- Refugio, por lo general subterráneo, para protegerse de bombardeos.
- Grupo resistente a cualquier cambio político.
Si tomamos la segunda definición podemos preguntarnos: ¿De qué bombardeo nos podemos proteger?
Por estos días se estrenó en Argentina la serie «El eternauta», basada en la historieta seriada de ciencia ficción creada por el guionista, Héctor Germán Oesterheld y el dibujante Francisco Solano López.
Sin ánimo de «spoilear» me voy a apoyar en algunos aspectos de la serie para ilustrar porqué creo que el libro es como un lugar en donde protegernos:
- De la nieve tóxica que te mata al exponerte a ella. Bien podríamos compararla con el fenómeno de las redes sociales e internet, donde es difícil no exponerse a la toxicidad de la manera chabacana de comunicación irrespetuosa en donde la violencia abunda. Los libros nos permiten pasar un buen rato de estudio, distensión, entretenimiento e investigación sin exponernos a esa «radiación», manteniéndonos dentro de los límites de la racionalidad y la moderación.
- De la falla energética que deja a todos sin electricidad. Hoy vivimos con una enorme dependencia de los dispositivos electrónicos de internet, que nos sirven tanto para comunicarnos como para consultar información. Si se cortara la conexión a internet, un libro de papel seguiría «funcionando».
- De la comunicación con el resto del mundo. Hoy pareciera que si no estamos «conectados» con la globalidad, nos estamos perdiendo cosas importantes. El aislamiento obliga a las personas dentro del búnker a tratar de identificar que es lo que está pasando afuera, sin dejar que alguien se los venga a decir, es decir invita a reflexionar. De igual manera cuando leemos un libro oímos una porción de la «verdad» que propone el autor pero a la vez la sopesamos con nuestra propia experiencia y finalmente podemos sacar nuestras propias conclusiones.
Por otra parte, si tomamos la tercera definición puede que nos surja la siguiente inquietud: ¿A qué cambio político podemos ofrecer resistencia?
Me gustaría tomar la tercer acepción de búnker para poner los libros en un lugar de resistencia. Entonces al pensar a qué nos resistimos, se me ocurren algunos de los siguientes ejemplos:
- A la velocidad, ya que hoy estamos bombardeados de una enorme cantidad de estímulos informativos que saturan la capacidad humana de mantener la cordura. Nosotros podemos controlar el ritmo de lectura, con lo cual el tiempo en que dejamos ingresar información a nuestro cerebro, el que tenemos para digerirla y finalmente para asimilarla, puede ser mucho más sano y natural.
- A perder nuestra libertad, en el sentido de disponer de nuestro tiempo y nuestra voluntad. Ningún libro nos va a llenar de notificaciones para que corramos a leerlo, aún en detrimento de nuestros deseos. Los libros nos esperan, no nos vienen a buscar.
- A la moda, ya que independientemente de alguna que otra recomendación, no estamos obligados todos a leer el mismo libro, al mismo tiempo para no quedarnos «supuestamente» afuera.
Ahora bien, estamos hablando de protegernos de los bombardeos y de resistirnos a determinados cambios que nos están llevando por delante. Pero, ¿quién es el enemigo que nos amenaza o ataca?

Quizás de los puntos anteriores hayas sospechado de alguien. Nuestro enemigo es la TECNOLOGÍA.
Sin embargo nos chocamos acá con una contradicción: El libro en si, también es una tecnología. Tecnología que fue el resultado de la creación de la imprenta y que de alguna manera ayudó y ayuda mucho hoy a la transmisión del conocimiento, el libro es un artefacto tecnológico de democratización del conocimiento.
Entonces, ¿porqué la tecnología sería en esta ocasión el enemigo?
Yo creo que viene por el lado de la velocidad. La velocidad de acceso, de desarrollo y de publicación tan rápida y crece tan exponencialmente, que pone a la humanidad en jaque, con una avalancha de datos, información y estímulos que sobrepasa nuestra capacidad de asimilación empujándonos a vivir en un frenético mundo en donde nadie parece querer aceptar que el viaje se ha vuelto muy movido, que la montaña rusa ya es muy frenética y que nos está haciendo mal.
Esto me recuerda a un pasaje de mi libro titulado «Mi resistencia» y que se los dejo a continuación:
Con los años he aceptado, con algo de dolor, la inexorable crueldad del paso del tiempo. La vida me parece a cada instante más corta. Ver a mi hija crecer o mi cada vez más rala cabellera, son señales inexpugnables de una realidad que culturalmente tenemos tendencia a negar.
Al mismo tiempo estamos experimentando un cambio permanente de estilo de vida que conjuga el trabajo y las nuevas tecnologías. En los últimos 50 años la tecnología ha avanzado más que en el resto de la historia de la humanidad, pero curiosamente cada vez trabajamos más, tenemos más distracciones y vivimos con menos tiempo.
Sin embargo, hay cosas que no pienso resignar. Son para mí como pequeñas trincheras en las cuales permaneceré luchando hasta el final:
– Leer libros impresos en papel, en donde uno puede tocar las páginas, rayarlas, señalarlas, dedicarlas, olerlas y hasta sentirlas.
– Valorar o revalorizar la historia de las cosas y de las personas, un poco por nostalgia de otras épocas y otro poco para entender que hay sucesos cíclicos que pueden ayudarnos a no cometer los mismos errores.
– Conversar de palabras importantes: vida, muerte, alegría, dolor, padres, hijos, sueños, frustraciones, esperanzas y miedos.
– Decir las cosas a la cara, aunque salga caro.
– Escribir cartas enviadas a nadie, como mensajes en botellas, con la esperanza de que alguna vez alguien las lea.
Tengo la firme convicción de que todo aquello que nos venden con la idea de simplificarnos la vida, cumple con la misma lógica de la simplificación matemática, empobreciendo la esencia de lo que cada uno somos. La verdadera riqueza de cada ser humano se la descubre conociéndonos unos a otros, cara a cara, no haciendo un promedio de la masa.
El desafío hoy es contar algo como nos acordemos y si nos falla la memoria, inventarnos el final. Es resistirse a googlearlo…
El desafío hoy es relatarle a otra persona como la pasaste en las vacaciones, antes que darle play al video en el celular, video que filmaste mientras estabas de vacaciones, video que te impidió disfrutar el momento, porque estabas más preocupado en filmarlo que en disfrutarlo…
El desafío hoy es hacer la pausa en el momento menos pensado, para jugar con tu hijo, para mirar el paisaje, para ayudar a un amigo, para recordar el pasado…
Estamos en un momento crucial de nuestra existencia como especie, maravillados por un futuro promisorio, pero en mi humilde opinión no estamos sentando bases sólidas para este crecimiento hacia el futuro. Estamos dejando muchos temas importantes de lado, como por ejemplo la ecología, la sanidad emocional de las personas, la disminución de las desigualdades, la moderación de la avaricia, el sentido de la vida.
Les dejo un video en donde hablo algo más acerca de estos temas:
Y si algo de esto te pareció interesante me encantaría que me lo comentes abajo.
Gracias por leerme y compartir este artículo.

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